un libro de quejas.
pero después de unos días me pareció que no me producía mucho placer.
como me sucede recurrentemente, hace varios días que pienso en claudio.
se murió en un aniversario de la muerte de mi papa.
desde entonces los 19 de marzo los paso en cama.
pensando en dos de los hombres más importantes de mi vida. los otros dos son gabriel y gaspar. los ggepstein
claudio tenía una pluma maravillosa y nuca dejó de ayudarme para que mis reclamos de todo tipo tuvieran vuelo, elegancia. inteligencia y la exacta cuota de cinismo.
este que sigue es un ejemplo:
Me dirijo a Ud. con relación a la intimación enviada a Don Abraham Epstein y fechada el 1 del corriente, en mi carácter de representante legal de sus herederos y, si usted me lo permite, también en el de hijo, suponiendo que la Doctrina y la Jurisprudencia no lo encuentren ofensivo.
Vayan, pues, las siguientes precisiones.
1. Como no habrá escapado a su sutileza, mi padre falleció. Si debo ser preciso: El 19 de marzo del presente año. Más allá del dolor, la congoja, que estos episodios producen, tuve que dedicar un tiempo especial a cancelar los servicios a los que mi padre estaba abonado, entre ellos los prestados por su representada, la que tomó la correspondiente baja 48 horas más tarde de producidos los hechos que narro.
Se me exigió, entonces, que presentara la partida de defunción de mi padre, a lo que me avine mediante fax. No fue suficiente: Por razones de seguridad, de acuerdo con la política de la empresa, debía hacerlo personalmente y acreditando el vínculo, a lo que me negué por no constituir parte del convenio ni prestar mi tiempo a chicanas que nadie ignora que propósitos siguen.
2. Es de fácil comprobación, por otra parte, que dicho servicio nunca más fue utilizado a partir de la fecha indicada, de lo que surge un evidente contrasentido: Se reclama por un servicio que no se presta, sin ignorar tampoco – por la documentación aportada – que el titular ha muerto. Algo que podría ser interpretado por la ley como una figura cercana al enriquecimiento ilícito.
Es mi opinión que la empresa que Ud. tan acabadamente representa, se ha enriquecido – como tantas otras en nuestro país – apelando a metodologías sólo aplicables en lugares como Argentina, donde el abuso es una operatoria cotidiana y la seguridad jurídica sólo una elipsis de cierta impunidad. Cito un ejemplo casual: A pesar de la baja a que hiciera referencia en 1. Unifón prosiguió efectuando durante dos meses sus cobros a través del débito automático, lo que puede amparararse dentro de los alcances de la palabra obsceno.
3. Asimismo, se me ocurre por lo menos grosero que, con un lenguaje gangsteril, por una supuesta – nunca real – deuda de 80 pesos, una empresa cuyos méritos no requieren mayor espacio para ser expresados que el de una servilleta, se permita amenazar a quién ha sido en vida un personaje ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y reconocido como tal en forma unánime por los diversos ámbitos de la Cultura. Admito, sin embargo, que semejante ignorancia sea propia de quién mantiene adláteres que escriben sesación de pagos con “s” . “S” de sandio.
Fue el señor William Shakespeare, en Hamlet, quién afirmó: “Las palabras agudas suenan como ronquidos en los oídos de los tontos”. Esta certeza sugiere brevedad a mi carta. En consecuencia, quedo a su disposición para ser requerido en los tribunales, confiando que Unifón – como gesto recíproco – acepte el debate público al que habremos de invitarla los familiares, artistas, críticos, periodistas y hombre y mujeres de la cultura que rendimos sin estridencias, es decir, con cierta elegancia y moderación, respeto a la memoria de Don Abraham Epstein.
Queda también Ud. notificado, Doctor Poplavsky.
Te extraño Claudio, tal vez porque mañana es 19.
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